La intervención de la vicepresidenta en la llamada causa del dólar futuro, transmitida vía zoom, significó un revulsivo político que hasta dejó chica la apertura de sesiones del Congreso. CFK desenvolvió una caracterización del desarrollo de la crisis económica y social del país, y apuntó contra los sectores que considera responsables de esta situación sin medias tintas. De este modo, el alegato de Cristina imprimió otro contenido y significado a la reforma judicial, que se encontraba empantanada en los tecnicismos de Alberto Fernández, y supera ampliamente (o enmarca con mayor claridad) el debate en torno del lawfare. Las conclusiones que deja y los escenarios que abren.

Indudablemente, las palabras de la exjefa de estado dan cuenta y responden a la fuerte polarización alentada por la derecha y los medios de comunicación. Desechadas por el momento las posibilidades de un acuerdo con el kirchnerismo, establecido como el enemigo populista a desterrar, los “halcones” de Cambiemos tientan constantemente los hechos para forzar salidas reaccionarias o golpistas.

En este cuadro, los intentos de conciliación y “antigrieta” caen irreparablemente en el vacío. La Nación, Clarín e Infobae podrán emocionarse con Randazzo o Urtubey, pero por fuera de las mesas del poder, en 5 años de sostenimiento del establishment, no pudieron captar más que una franja menor, bastante menor, de la base social del kirchnerismo.

Pero el problema parte de más atrás y es, en todo caso, lo que advierte de algún modo el alegato de CFK: la grieta no es una oposición artificial sino la expresión política, siempre claro deformada, de una fractura social profunda e irreconciliable. La justicia sostuvo a todos los responsables del desfalco macrista, uno por uno.

Sería una vulgaridad generalizar e igualar todos los hechos de nuestra historia, pero el enfrentamiento en sus distintas manifestaciones entre las élites que quieren sostener su poder y riqueza a toda costa contra los sectores populares es una marca registrada. 

Una situación que luego de la crisis de la hegemonía del neoliberalismo con la rebelión del 2001 ingresó en una fase de profunda inestabilidad política sin poder lograr la tan ansiada “normalización capitalista”, escenario que escala con sus respectivas traducciones a toda la región. El surgimiento del lawfare solo puede entenderse en este cuadro. 

Así las cosas, la vicepresidenta parece buscar variantes para abrir paso a un intento de acuerdo social con aquellos que quieren una salida reaccionaria y a los cuales convocó mediante una carta el año pasado. La nueva táctica de CFK podría plantearse en términos de una ofensiva para doblegar a los núcleos más recalcitrante a un entendimiento. Esta cuestión no es un aspecto menor: la única manera de quebrar un entramado de poder y privilegios es con una lucha a fondo desde los sectores populares.

Los dichos de Cristina dejan abierto el interrogante de cuál será la respuesta del Poder Judicial. Si redoblan la apuesta, podemos asistir a un salto cualitativo de la polarización en este país con todas sus implicancias.

No hay lugar para terceras vías que pongan un signo igual entre el imperialismo y fuerzas que se reconocen del campo popular, pero tampoco conciliaciones posibles en la lucha contra el imperialismo y la derecha. No hay lugar para vacilaciones, como se vio en los últimos 12 meses. Si se inicia correctamente una querella criminal contra el fraude de Cambiemos y el FMI, no se puede pagar esa deuda. Como tampoco pueden seguirse beneficiando los mismos de siempre. 

La unidad del campo popular es fundamental para desplegar la fuerza necesaria para alcanzar estas conquistas.

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