Nos encontramos a menos de once meses del cambio de gobierno. El Ejecutivo del Frente de Todos, que asumió con la promesa de erradicar la pesada herencia macrista, tuvo un comienzo auspicioso incluso con una respuesta desde el Estado y con políticas públicas frente a la pandemia. 

Sin embargo, las indefiniciones, retrocesos y la profundización de las divisiones internas fueron socavando la potencialidad del mandato popular para dar paso a una agenda cada vez más fogoneada desde la derecha, la burguesía y el Poder Judicial. El acuerdo con el FMI fue un punto de inflexión en el curso emprendido por esta administración. A su vez, la inflación y la devaluación sostenida desde los sectores concentrados de la economía el último año y medio (y su falta de respuesta desde el gobierno) horadaron la autoridad política del Ejecutivo. Esto fue acompañado de una virulenta espiralización de la violencia política fascitizante con un punto de quiebre en el atentado fallido a CFK que careció también de una respuesta adecuada desde nuestras organizaciones populares.

Así, en este último tramo de gobierno, se allanó el camino para un régimen de hecho de la Corte y el FMI, con condena escandalosa incluida para proscribir a la vicepresidenta como candidata en las próximas elecciones. CFK en tanto ya anticipó que no buscará presentarse electoralmente. La política económica se encuentra dirigida por un personaje de la escuela de Washington, Sergio Massa, cuya principal misión es combinar el cumplimiento del programa del FMI con sus propias aspiraciones electorales. 

Hay sectores del campo popular que depositan sus expectativas en seguir instalando una candidatura de Cristina o respaldar candidaturas provenientes o bendecidas por ese sector. Sin embargo, a grandes rasgos, predomina en las bases de la militancia y de la población una desmoralización y falta de liderazgo que obviamente agrava la situación general. Más aún en un cuadro donde el avance de la derecha fascista y sus tendencias golpistas se registran en todo el continente.

A pesar de eso, la resistencia de los pueblos de Nuestra América, aún en las situaciones más adversas ha perseverado. En nuestro país, a 40 años del regreso de la democracia, podemos decir con orgullo que hemos construido Memoria, Verdad y Justicia a fuerza de movilización y organización colectiva. El país donde una gigantesca marea verde consagró el aborto legal, seguro y gratuito aunque a los dinosarios no les guste. Y que esa tradición enorme de lucha no sólo no se puede pisar, sino que tiende a renacer en cada generación, ante cada nueva injusticia. Sobran en nuestro suelo militantes organizades y personas sueltas con consciencia social, con aspiraciones de igualdad y justicia. Sobran las manos y energías de quienes puedan aportar a un proyecto, a un polo de cambio social, orgulloso de los derechos conquistados y con hambre de alcanzar nuevos horizontes. Vamos por reagruparnos y recuperar fuerzas colectivas para transformar el presente.

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